Castigo de dios


La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves en la vida humana.

El sufrimiento y el dolor pueden ayudarnos a crecer como personas, a superarnos y a madurar. Si preguntamos a los que están a nuestro alrededor cuáles han sido las experiencias que les han hecho ver la vida con más realismo y serenidad, veremos que han sido situaciones de problemas o dificultad en su mayoría. (Como en las que me puso a mi Petra cuando desentierra a mi Padre fusilado hacia 70 años)

Las personas que hemos sufrido más, solemos ser mas maduras, realistas y centradas. El sufrimiento estimula y hurga en la madurez  del ser humano y en la forma de ver la subsistencia.

Para alcanzar la madurez humana tenemos que aprender a aceptarnos a nosotros mismos con todo lo que somos y lo que nos rodea: lo bueno y lo malo, lo agradable y lo doloroso, lo cómodo y lo molesto, etc.

 Ella, Petra, no fue capaz de aceptarnos con ese sufrimiento y dolor que habíamos padecido por los fusilamientos de la dictadura. A la que ella la rendía pleitesía y reverencia por aquellos años.

 Con una actitud positiva ante la vida, el sufrimiento puede convertirse en el motor de nuestra superación y madurez personal. Si tomamos una actitud de desesperación y pesimismo, el sufrimiento puede llegar a hundirnos. A Ella la aplastó su no saber estar y tener en cuanta a los demás: como nosotros la teníamos a ellas/os por la perdida natural de su padre, joven.
Ya en el Antiguo Testamento vemos. «Los castigos no vienen para la destrucción sino para la corrección de nuestro pueblo». En ellas estamos: que Pedro Bernardo sin Petra tenga un viraje en modales y civismo.

El sufrimiento nuestro del que no quiso enterase nunca (ni aquel año de la Mayordomía que seguro que tomaba comunión diaria) para acercarse a Dios, ¿por qué no? Porque su orgullo y envanecimiento la privaban de pensar en los demás. (A no ser el tesoro y la fortuna.)
Algunas personas piensan que el sufrimiento es un castigo de Dios por nuestros pecados.

 (Al curar al ciego de nacimiento, le preguntaron quién había pecado, si el ciego de nacimiento o sus padres, Jesús les respondió: “Ni él pecó ni pecaron sus padres, es para que se manifiesten en él las obras de Dios.)

Hay quienes (como Petra) gustan de rematar sus opiniones con un contundente y expresivo apéndice, a modo de epílogo inapelable; lo tengo claro, dicen, para mí está claro, clarísimo, no tengo ninguna duda. Y así, una tras otra, circulan por sus neuronas ideas, juicios, conclusiones.

Y por su ceguera por el poder y el lograr la arrastraron donde se encuentra.

¿Castigo de dios?   Que conteste ella que pareció ser creyente.

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