Petra fuera de juego


http://www.aviladigital.com/subseccion/subseccion2/agustin-gonzalez-el-alcalde-de-avila-tiene-que-saber-que-hablamos-de-cosas-serias-110258.aspx

Otro alcalde  el de Ávila, como Petra, que no informa ni a los suyos.

Por otro lado perdió el PSC arrastrando a sus socios del tripartito, por eso de los “daños colaterales” como Petra. También arrastró en su caída a Isabel, y a Josefina y Javier porqué se agarraron a la tabla de salvación que les tendió JM.

Petra, en el grueso de su arbitraje suponía una justificación exculpatoria de sí misma y de sus ‘mendigos’ detrás de las cuales podía encontrar blindaje y parapeto para evitar asomarse al abismo de sobresalto que había creado en el tiempo que nos gobernó; su currículum aparece abultado de títulos de ‘conflictología’. No tuvo ni un segundo, ni una palabra para recordarnos a las víctimas de la violencia de la Dictadura. Sencillamente no existían en sus soflamas. ¿Dónde estábamos los seres cuchareros a los que nos había causado tanto daño?

Hegel definió la revancha como la cara subjetiva de la virtud. Esta mujer es una prueba viviente de ello. Debía considerar ella que sus sueños de grandeza habían sido más importantes que la vida de las personas que resultamos victimas por aquellos fusilamientos. Tras haberla cambiado de puesto en el Ayuntamiento las elecciones pasadas, su egolatría continuaba. Escamoteó siempre a la audiencia el pozo del dolor que nos habían causado, saltando sobre todo ello, su ego aparecía como el marco de referencia de lo que era oportuno o incorrecto.

Bien podíamos considerarnos ‘prisioneros del odio’ cuando ella piensa que “pocos seres humanos vivíamos en el mundo real”. Esta mujer desde la alcaldía quería que los demás viviéramos en el mundo de sus percepciones y se incomodó ácidamente cuando alguien la citó aquello de “La alcaldesa y su cortijo”. Que fue así como la ostentó

Ella tuvo ese territorio sombrío que es justamente el umbral del conocimiento verdadero porque nos fuerza a una suerte de tensión autónoma. En los comienzos de su mandato yo veía su doctrina como en penumbra. Desde ella, pacientemente, contraponía la prueba de unas proposiciones y sus contrarias, buscando luz por entre la espesura del bosque.
Yerran con frecuencia quienes como Ella, confiado en la luz y cautivada por ella, se entrega, cegada y presurosa, a la primera verdad que sale a su camino, sin buscar, siquiera por un momento, el abrigo reservado de la sombra donde pueda ejercitar, y aun cultivar, la función ‘infirmatoria’ de la duda, la mirada interrogante que rastrea la verdad. La duda no es tibieza, sino fervor y avidez por la verdad.
Y ocurre así con el sentido; solo cuando se forjan en la penumbra madre de la duda, podremos advertir el destello de algunas ideas.
 Por consiguiente, quien se forma en la duda es que ambiciona la verdad, y el ejercicio de la primera no es sino el recipiente donde se forja la segunda. Y también es posible, quién sabe, que lo que en estas líneas expreso yo como verdadero no lo sea en realidad.

Lo que si es cierto, que el tiempo nos dio la razón y por tanta egolatría, esta ya Petra fuera de juego

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