A pares


Hoy tenemos en el Tanatorio cucharero dos señoras fenecidas.
Una con 96 años y la otra con 88.
Bien que me gustaría poner sus nombres, de estas y de todos los que fueran falleciendo, pero, por respeto a sus familiares no lo hacemos. Solo en casos de que seamos autorizados o, que hubieran sido cargos representativos de Pedro Bernardo.
Si estoy autorizado por la (libertad de expresión) a criticar a los descubridores de que el sitio para las últimas horas de los fenecidos, tenga que ser el lugar más ‘neurálgico’ del Pueblo, si es que existen ya, sitios centrales. Ya dije que ellos, viendo como el pueblo se iba a quedar solo con una buena parte de población envejecida, pues ¿por que no? darlos un sitio distinguido.
Siempre les podremos reprochar a estos ‘salvadores’ que no creyeran en nosotros. Pues les trajo sin cuidado -(como a Petra)- lo que pensáramos huma y politicamente, aunque solo les preocupaba “el combate de revancha”. Petra allá en sus cielos vacíos, pero no hay que ir ni tan lejos ni tan alto. Los que prometieron cambiar en la legislatura 1991-95 lo que el pueblo venia deteriorándose, ahora vemos, que ellos no hicieron mas que empezar lo que Petra continuaría hasta nuestros años longevos (en términos generales) coincidan in situ (como las yacientes de hoy) con la de la esquela mortuoria. En eso consistió su reforma y la contrarreforma: en equiparar la savia cucharera con el último suspiro.
Únicamente a estos descubridores del lugar de deceso y último tránsito, no les preocupaba más que, que la vida de los cuchareros se estableciera al borde de los 80 años, que más que un borde es un abismo. Es una bendición de los mencionados dioses que previeran que íbamos a vivir largos años para prepararnos la galería o antesala de lo último. Lo sería, quizá, si no vinieran del brazo de las humillaciones de Petra, ya que no podemos prescindir de los calendarios de aquellos y esta. Los uno y la otra, nos dejaron sin esperanza de vida “sociopolítica” en este tiempo donde poco podemos esperar, salvo la visita de la señora cadavérica que nos salude con su mano de nieve. La muerte algunas personas la han añorado mientras vivían. Quevedo dijo: “Mi vida acabe y mi vida ordene”, Al margen de estas fantasías teóricas (que ni yo entiendo), este trío solo nos hizo “cabronadas”. Ahí me las den todas, pero cuando merezca el nombre de antepasado me pondrán como un trapo. Lo hemos hecho -yo también- mal, y vamos a dejar un P. B. peor que el que recibimos y venia de una dictadura. Claro, que Petra y dictadura se parecen mucho.
Me trae a recuerdo John Donne cuando dice: “Nadie duerme en el carro que le lleva al patíbulo”… Y la lleva, porque no dábamos la razón a quienes se creía tenerla –como el propio Ayuntamiento- (de su exclusiva propiedad)

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