Admitida a tramite


Admitida a tramite con fecha de juicio señalada (para el dia 17 de mayo), por el articulo publicado en La Vanguardia que, por sus embustes y falsedades reproducimos nuevamente:

La fosa de la carretera 501
Cerca hay otra fosa que no se excava porque está en una finca de la juez que debe autorizarlo | Las familias pasan en coche sobre los restos de sus padres asesinados en el 36
Eduardo Martín de Pozuelo
Política | 07/02/2011 – 01:07h
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En la historia de España hay hechos que podría considerarse que, pese a su dramatismo, guardan un final feliz. Son los que acaban con la recuperación de las víctimas, con décadas de miedo y silencio y con la reparación moral de los daños sufridos. Son historias en las que las familias pueden enterrar a sus muertos y experimentar por fin el duelo por la pérdida de sus familiares. Pero hay miles de casos en los que ese final no es posible. Uno de ellos, especialmente penoso, es el de la carretera CL 501, que discurre junto a Arroyo de las Casas, a la altura de Pedro Bernando (Ávila), junto a una vieja cantina.
La carretera fue reparada a sabiendas de que allí había una fosa en la que yacen siete u ocho cuerpos, dos de ellos de mujeres. Sin recorrido alternativo, las familias de los que allí fueron asesinados el 20 de septiembre de 1936 pasan con sus coches por encima de sus muertos. Sólo un letrero, pintado al borde del arcén a brocha y bajo los peligrosos quitamiedos, anuncia un lacónico “fosa común”.
Entre las víctimas está la madre de María Martín González. Faustina González murió aquel 20 de septiembre a manos de unos falangistas que la buscaban a ella y su marido. El hombre estaba segando por el norte de Castilla y León, como era normal entre los jornaleros en esa época. Ella se quedó en el pueblo. Se la llevaron junto con seis o siete personas más (no se sabe con certeza) y los bajaron a empellones hasta un lugar donde el arroyo que da nombre al pueblecito formaba una zanja natural al cruzar bajo un camino que hoy es carretera. Un tiro o dos a cada uno. Y se acabó.
Este relato podía tener otro color si alguien hubiera hecho caso al capataz de la subcontrata que reparó la CL 501 y se topó con lo que le pareció una fosa con restos humanos. Paró la obra, avisó sus jefes y estos al Ayuntamiento de Pedro Bernardo, gobernado por el Partido Popular, que se mostró dispuesto a recuperar los restos.
Pero no se hizo por oposición tenaz y legal –cuentan los especialistas que intentaron e intentan la exhumación– de uno de los descendientes de una de las víctimas que, paradojas de la vida, se casó con la hija de uno de los falangistas que se supone que mataron a los que allí yacen.
Hasta la fecha, la fosa sigue intacta, pero ha sido explorada con georradar: ha dado como resultado la posibilidad de que la zanja tenga unos cinco metros de extensión y quizás algo más de dos de profundidad.
Allí hay cuerpos, pero nadie ordena la exhumación. Mientras, como María, Enrique, profesor del instituto de secundaria del pueblo, pasa con su coche sobre el lugar donde está el cuerpo de su padre al que mataron por ser de izquierdas. Es una historia más. Pero hay muchas, miles. En un pueblo cercano no se excava en la fosa localizada porque está en la finca de la juez que debe autorizarlo

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