Al frescor del agua


 

 Confío en que nuestra ex-alcaldesa y los herederos del barón de Montesquieu me perdonarán por haberlos puesto en tan irracional compañía, pero mi causa es, creo, digna de defensa: la de la ley, que protege la libertad de todos, frente a los que pretenden burlarla en defensa de intereses personales constitutivos de delito. El espíritu de las leyes, escribe Montesquieu (…)su sujeción al imperio de la ley.

Viene a cuento esto, por que hoy me planteaba al frescor de la garganta de Arenas con una foto del puente viejo preciosa (que os pongo -no buena- por ser del móvil) si nos personábamos como ya anuncié en su día si Alberto era denunciado por los apostados en la puerta del Cementerio Civil, donde pusieron un monolito sin restos que es de lo que se trata, que los que los monolitos contengan lo que se inscribe. Aquí ni los hay y no está fácil obtenerlos (por ahora) en la cerca de La Asomadilla según las manifestaciones de una televisiva.

Comprenderéis como se quedarían de no poder testificar ayer, (que les propuse yo a todos.)     

Y por ahí hay que empezar. Por colocar a los lunáticos que están acabando  con nuestro futuro en el único lugar que les corresponde, en el mayor desprecio y descrédito  por la privación de libertad para identificar a nuestro fusilados que una poseedora de todo “con cuerpo de felina y siete vidas como los gatos” nos negó.

Un alcalde, no puede salir del cargo con las manos libres mientras ha arruinado su municipio. Eso es una impunidad inmune.

Sigue cruzando por nuestros campos lo que Antonio Machado llamó “la sombra errante de Caín”. Somos  tantos los que nos sentimos avergonzados por lo insólito y vergonzoso  del desgobierno que vino ensamblándonos una mujer,  a la sencilla y sincera  población, que hay que distinguir ese concepto del de chusma, plebe, o turba.
Estamos de acuerdo en que “no hay forma de ser persona bien nacida sin amar al pueblo”. Y no solo al dinero y el poder.

Familiares de ella  sacaron al fresco sus instintos violentos, y ella, que los pasillos judiciales  la privan -con los  veredictos que recibe-  que quiere mutilar el presente,  y, ni este ni la  historia  se puede mutilar, la historia contada, como diría el historiador Josep Fontana, adquiere la forma de un “presente recordado”.

Lo que los cuchareros estamos exigiendo ahora mismo, mientras clamamos viendo cómo se nos hundió el Pueblo, es que quien provoca  esta pérdida, pague sus culpas como las pagan los otros delincuentes. Retirándolos de la vida política diaria en la que, por lo visto, no saben ni pueden estar. (Una lacaya ya lo fue) Y como cuídanos cuchareros, exigimos una sanción que la ley debe contemplar. Y justicia. Que tampoco es mucho exigir. Para que lo de ser irresponsables deje de ser un chollo. La negra sombra de la verdad, la del penal, debe asombrar exclusivamente a estos eremitas con nombres y apellidos.

Si alcaldes como las que catequizan a los corporativos de que como ella lo hace es lo mejor, y no se dan cuenta de donde nos encontramos habrá que dotarnos de leyes  para quienes arruina los pueblos. Que es en suman  nuestro caso.

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