Dinero fétido


Con el dinero que Petra derrochó podríamos comprar Barreras Blancas  (otra vez) y aun nos sobraría algo de calderilla para colocar algún violento de  la familia y colocarle en la órbita de Marte. No está nada mal para un Pueblo, el nuestro, que ella debe pensar que lo dejó  nadando en la abundancia. Porque de no pensar eso, no se hubiera presentado en las elecciones de Mayo. Debe de resultar difícil calcular cuántos billetes se movieron  sin control de la mano  en el bolso que no suelta. Peinar la oscuridad fiscal para aprehender lo que se birla de nuestras cuentas debería convertirse en algo capital. Incluso saldría un buen pico si se cuantificaran las monedas que todo anduvieron  desperdigadas por los cajones del mueble bar. El caso es que siendo estas cifras (que nos dio Alberto en su programa electoral) mareantes, y dada nuestra situación financiera, resulta sorprendente que el nuevo Alcalde no pongan en marcha los mecanismos que desmantelen el trile. Se decía hace tiempo que los inspectores de Hacienda se ofrecieron a trabajar gratis horas extra para sacudir la alfombra del fraude. Pero este Gobierno de Alberto, ¿considerará prioritario poner negro sobre blanco?

Creo que ahora podría  emplearse  a fondo para blanquear la colada, colgarla en el tendedero del balcón del Ayuntamiento  y cargarse de razones. Pero se dice que viene a pasar los cuatro años de legislatura lo más tranquilamente posible y jubilarse. 

Hoy Alberto la necesidad obliga a que se persiga de forma implacable al que gasta o gastó alegremente en teléfonos móviles, nominas familiares y otras canonjías.

 Las lámparas para comenzar a remover las cuentas cuchareras son muchas y con buena luz. Solo es necesario dejar actuar al funcionario que conocen el meollo de la cuestión y ponerse a ello. Nos urge hacer caja, no para comprar Barreras Blancas (por lo que tú la llamas ‘terrorista’)  y ordeñar hasta que se nos agrieten las manos, sino para afrontar el presente y apuntalar el futuro. Es la vía legítima para no hurgar más en la herida del desamparo al que hemos  sido sentenciados: dejándonos sin municipales-serenos. Y otros que guarden la circulación rodada, el que no se  alumbre la Chorrera en verano y fiestas, como se alumbra la Iglesia.

En fin pregonarla por calle y cerritos (como nos dejo Petra sin identidad propia)

Este pueblo exceptuando los fines de semana y el mes de agosto, nos lo dejó como sui fuera una pedanía.

 

 

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