Tierra de esperanza


 

 

 

 

 

 

 

 

 

El que vive de esperanzas, muere de sentimiento decía (B. Franklin)

 Mientras la Petra se apunta al silencio, yo me inscribo en algo tan hermoso como es la libertad de expresión

La historia de Pedro Bernardo  transcurre entre el recuerdo y la esperanza, pues el presente  cucharero antes de ser pensado se desvanece y deja de ser presente. Según se dice,  los recuerdos pertenecen al pasado en tanto que las esperanzas son cosa del futuro. Lo normal es que los recuerdos vayan quedando sepultados con el paso del tiempo; pero a veces se alimentan de esperanzas, al menos ese es mi caso por lo que se refiere a la Memoria Histórica, que Petra y su clan levantaron en el pasado: con odio y violencia.   
Fueron  muchos los motivos e intereses que impulsaron al viajero a visitar esta cacho  de tierra del Valle del Tietar. Aún así, su situación geográfica  es agraciada, toda vez que se constituye en el “Balcón del Tietar”  que no se a quien se le ocurrió pero no fue a Petra, seguro, pues entonces con la dictadura las mujeres debían estar (en casa y con la pata quebrada)
En esta pequeña porción de terreno aparece supuestamente  con una  entidad política y geográfica el escenario donde tuvieron lugar los acontecimientos mas criminales de la intrusión franquistas, donde se hunden las raíces de nuestra fe y esperanzas cristianas. Porque las reverenciadas de carne y hueso son unas hipócritas, que fueron a oponerse a la retirada de la Placa de la Iglesia sin tener allí a ningún inscrito, ni victima conocida.
Según el punto de vista que se tome, la imagen que se ofrece de esta tierra puede ser diferente, sin que se agote nunca su rico potencial. La versión que yo ofrezco es en clave de esperanza. Me pregunto si no resulta un poco inoportuno y paradójico hablar de esperanza en estos momentos en los que las cosas no andan nada bien por estas tierras cuchareras; pero ante los ojos humanos ¿ no son acaso paradójicas vuestras fe y esperanza cristiana?
No podemos vernos en el peligro de sucumbir ante la tentación de la desilusión: si tenemos que reencarnar a Petra: ‘hágase según su palabra’.
La mejor actitud ante este caos económico y financiero que nos dejó ella,  no podemos caer de rodillas y dejarse inundar por él. Algunos /as  se sentirán desbordados por la generosidad de nuestra diosa que fue.
Tendremos que usar las palabras evangélicas: “En este sitio, alguien se atrevió a decir que la felicidad hay que buscarla por los caminos de la desdicha, la pobreza y el dolor.” Puede que nos exija abandonar nuestros refugios seguros y exponernos a dificultades y riesgos.
Si tenemos que comparar a Petra, con la figura de Galileo Galilei, hágase también. Quien mejor lo conoce, ahora, (sin saber hasta cuando)  y quien estuvo más próxima a ella, fue Isabel novena: quien resaltó su extrema bondad, que decía , que todo esto le ha sobrevenido a la buena de Petra porque “se fía demasiado de demasiada gente”. Que, como de todo cucharero es sabido, fue una gran gestora de nuestros recursos públicos.

No os preguntareis lectores, como yo,  si a estas alturas y con todo lo dicho, no sería hora de pedir al Vaticano la santidad de esta mujer.  ¿Para que Pedro Bernardo empiece a ser TIERRA DE ESPERANZA?

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