La última fotografía


El petrismo no acabó el 15-M, con la perdida de Petra de las elecciones por segunda vez que fue como su certificado de defunción. La última fotografía, la noche del escrutinio con poder que tanto la alejaban de la realidad como inquilina del Ayuntamiento, solo era la estampa simbólica del adiós. Como que queda de cuerpo antiguo. El final de Petra está siendo largo y agónico, sin catarsis, y si, con sus mentiras políticas y prebendas repartidas; amargo y rítmicamente demoledor, como esas enfermedades implacables que devoran un organismo. Ahora es oficialmente una actora secundaria mientras Alberto gobierna como puede sin vigilancia visible.

Me cuentan que el día del pleno de “LAS CUENTAS” al final, Petra se dirigió a J. M. para reprocharle ¿Por qué? no le había acometido más a Alberto. Ella, con tal de ir contra quien la derrota en las urnas se alía con quien la cesó estruendosamente.

El desenlace desapasionado de está mujer tiene fecha de mayo de 2007. No de 2011. Ahí, y a pesar de la moción censura bajo la sombra de aquella intervención desafortunada, dejó de existir politicamente.

Aquel día de las elecciones del 2007 le sacaron tarjeta roja con sus cheques fallidos de estímulo, cheques de su cuñada, cheques con agua a los Amoclones, cheques para obras discrecionales por Decreto, que J. M., no nos quiso suministrar. Ese día Petra pudo irse al menos con el aval de la coherencia, aunque sin “castidad política” que quizá incluso lo habría convertido en un tótem de la izquierda aliada como compañeras de cama (que diría Fraga) con Isabel; pero optó por seguir y transformarse en gestora encargada de vigilarse a sí misma y enterrar su propia gestión como concejala en la oposición.

Hay algo de personaje trágico en Petra al enfrentarse a sí misma, a su idea de la política, a su estilo. Aunque asumida por ella como un sacrificio expiatorio, que no ha resistido la impostura. No tiene ningún futuro ya que no remontará su mal talante, su descortesía democrática de encajar con enfado la critica, con gestos inflexibles y demandas por doquier. Ella siempre quiso ser la más lista de la clase o tipo perdonavidas. Y su empeño en no asumir sus errores, negando todo, es la imagen perdurable de ese fracaso que fue Petra. Un Pedro Bernardo herido por el repecho económico que nos dejó. Y las consecuencias se van a prolongar.

“De alguna manera, Petra como Franco (en versión Preston) fue la madre abusiva de Pedro Bernardo, pero los cuchareros, como sucede en las familias, muchas veces no quieren reconocerse los abusos.

Pero ya decía Samuel J.: lo extraordinario que resultaba ponerse a hacer cálculos y descubrir el poco cerebro que se empleaba en el desempeño de cualquier profesión.

 Europa asusta. El Pedro Bernardo que nos dejó Petra, mucho más.

 

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