Cestas y dádivas


ZsMpIX1HLPw     http://youtu.be/rfv7pcmC__g      (villancicos)

Se ha manifestado un nombre nuevo a una enfermedad antigua y ahora le llamamos ‘oniomanía’ a quienes padecen el impuso de comprar todo lo que se les antoja. Yo conocí a una mujer- vosotros también- que todo lo compraba. Compró, o mejo hizo una casa, que se salía de los formatos  que se venían sucediendo en Pedro Bernardo, con gentes de tanto dinero o, patrimonio, como ella y más. Pero han hecho casas buenas sin que se parezcan a una ‘fortaleza’ con mirilla electronica.  Ahora parece que tiene que vender todo lo vendible. Los adictos a los lucros compulsivos están protegidos porque no adquieren cosas para los demás y solo compran para ellos, sin reparar en gastos y, a veces, sin reparar en que su guardarropa, librería, o su despensa no tenían necesidad urgente de ser reparada: (como el caso que nos ocupa) Lo único que se sabe a ciencia cierta de esta enfermedad es que suele afectar en mucho mayor escalafón a las personas poderosas que a los humildes y las epidemias se dan más frecuentemente en los suburbios que en las zonas distinguidas, pero hay algo que las iguala: casi nadie regala ya nada. Han adelgazado las selectas cestas de Navidad y quienes antes obsequiaban, más o menos e  interesadamente, con piernas y jamones, que es la frontera del soborno, ahora lo hacen con una paleta, que sigue estando muy buena, pero que no es lo mismo. Nuestra señora este año se va a escusar lascestas.

 Ya nos contaba Alberto que tiene a los empleados sin pagar como dos meses.  No hay que preguntarse qué nos está pasando; lo que ocurre es que esta señora nos prometió el oro y el moro   y estamos  pasándolas moradas, y los más  limpios de alma de  su adictos, han decidido regalarnos solo el oído. Porque decir no dicen nada. Y saberlo escribir y decir, saben. Tener una explicación con alguien que sabemos como la adulaban, no es que haya pasado a la historia la señora, sino que se ha devaluado y ahora se queda bien sustituyendo unas botellas de Vega Sicilia  por unos de esos líquidos arcanos que toleran espumas. Vamos a menos, como nos  explica a plazos el complaciente presidente Rajoy, pero todavía no hemos ido a nada. Nosotros si que vamos a ningún sitio, y de ir, a no ser de donde no podremos salir.  La llamada originalidad social de esta señora no debe desaparecer. Cualquier cosa, entregada con afecto, por comprar votos y dignas  gratitudes  aunque algunas no se puedan comer  ni beber. Hace falta estar no solo muy mal educada, sino no estar educada de ninguna manera, para insinuar a los benefactores dónde deben meterse con sus dádivas. Os recordamos que ya no merecemos el mismo aprecio por su parte. Ni por la parte que nos toca, que no nos toca  ni la pedrea de hoy, ni la de los fondos públicos.

Tendremos que costearnos las fiestas a prorrateo si las queremos.  La gaitilla y el tambor son mas baratos.

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