Los Pactos “envanecidos”


A VER SI YA

Si con Podemos se hunde el PSOE, con el P P ya le tienen preparado el ataúd

Para sepulturero  podría servir Rivera, que quiere llevar a Pedro al corral de las gallinas alborotadas, comiéndose los chorizos “de carne putrefacta”. ¿Por qué Rajoy o el P P, no le ofrecen a Pedro (ser presidente?. Pablo le engañará, Rajoy y la derecha ya pretenden. que no traicione a toda la izquierda. En el poder Pedro, “siempre hay tablas de salvación”   

 

Imaginemos que el término ataúd se separara de su objeto. Sus vendedores podrían comenzar a llamarlos estuches,
cofres, bomboneras

JUAN JOSÉ MILLÁS
29 ENE 2016 – 00:00 CET

A veces, en esas épocas en las que la realidad va por un sitio y las palabras por otro, nos preguntamos quién tiene
razón, si las palabras o la realidad. Se trata de un ejercicio retórico. La realidad no necesita llevar razón porque
tiene a su favor el hecho de suceder. Y sucede, vaya si sucede. Comparen la publicidad guay de la banca con su
comportamiento real para entender lo que decimos. En la última legislatura, mientras las palabras se elevaban, la
realidad se hundía, y cuanto más alto volaban las palabras, más hundida estaba la realidad. Los políticos clásicos
han perdido el discurso frente al goteo incesante de la realidad. Resulta, por ejemplo, que sí, que hubo corrupción,
mucha, y que era estructural, y que quienes la negaban eran sus beneficiarios. Ellos habrían preferido borrar la
realidad (“ya haremos otra”), pero llegan Acuamed o Rus o la evidencia de que han destruido pruebas, y no importa
las palabras que coloques encima. El enfermo se pudre a cien por hora.

Dura más la realidad que las palabras. Imaginemos que el término ataúd se separara de su objeto. Sus vendedores
(como los de la recuperación económica, el milagro español, etcétera) podrían comenzar a llamarlos estuches, cofres,
bomboneras. Pero la gente seguiría igual de muerta en su interior, incluso aunque los decorara un artista de
Desigual. Tarde o temprano, el ataúd y el difunto volverían a encontrarse y no nos preguntaríamos quién llevaba la
razón, sólo si incineramos a papá o le damos tierra. En esas estamos, a la espera de que la realidad y las soflamas
políticas se reencuentren, a ser posible con menos violencia con la que en otros tiempos se reencontraron la palabra
crisis y la crisis o el término recorte y los recortes. A ver si ya.

Tres alternativas y un fracaso
Las posibilidades de construir un Gobierno transversal y reformistas son hoy irreales
Una alternativa de izquierdas es posible pero difícil y desgarradora para el Partido Socialista

 

RAFA DE MIGUEL
Madrid 28 ENE 2016 – 22:20 CET
El rey Felipe VI y Pedro Sánchez, el pasado viernes.
El rey Felipe VI y Pedro Sánchez, el pasado viernes. Ángel Díaz EFE
Constatado ya que España no es Alemania y no hay cabida para una gran coalición —un Gobierno que uniera al PP y al
PSOE—, son cuatro las alternativas sobre la mesa.

Dos de ellas se presentan hoy imposibles, aunque muchas voces, incluido ayer mismo la del expresidente Felipe
González en su entrevista en EL PAÍS, las defiendan como las más racionales. Hay una tercera, aritméticamente
posible pero que se enfrenta a muchas dificultades. Y una cuarta, inevitable si ninguna otra sale adelante y que
supondría el fracaso de todos los partidos políticos.

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Un Gobierno del PP, facilitado por la abstención de Ciudadanos y del PSOE, no puede salir adelante porque Mariano
Rajoy no piensa echarse a un lado —como desearía la formación de Albert Rivera— y porque el PSOE en bloque ya ha
anunciado que nunca lo apoyaría.
Un Gobierno del PSOE, gracias al apoyo de Ciudadanos y la abstención del PP, por mucha voluntad reformista que
trajera consigo, se presenta irrealizable. “Si no nos dejan gobernar, que nos echen, pero que no pretendan encima
que tras ganar las elecciones respaldemos al perdedor”, dicen en el entorno de Rajoy.

Albert Rivera quiere repetir el papel de mediador fundamental que tan bien le funcionó en la elección del presidente
del Congreso, y estaría cómodo con cualquiera de esas opciones, pero es consciente de que hoy son irreales.

Pedro Sánchez puede intentar el pacto con Podemos, IU y el PNV. Será una carrera de obstáculos para alcanzar una
mayoría exigua, porque, a pesar del deseo expresado por el líder socialista de sumar a izquierda y derecha, Rivera
ya le ha dejado claro que no cuente con Ciudadanos para ningún acuerdo que incluya a la formación de Pablo Iglesias.
No está garantizado, además, que el PNV se apunte incondicionalmente a ese pacto. Tampoco lo está que ERC o
Democràcia i Llibertat se abstengan a cambio de nada y no aprovechen la ocasión para impulsar sus objetivos
independentistas.

Y finalmente, está por ver el margen de negociación que el PSOE le da a Sánchez para cerrar un acuerdo con Podemos
que hoy tiene al partido completamente desgarrado.

Por mucha voluntad reformista que expresen todos, si nadie cede, la única solución en que se pondrán de acuerdo será
la de volver a tirar los dados en unas elecciones.

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