Pedro Bernardo “corrigiendo”


a la Junta que lo dificulta

 

Pedro Bernardo “corrigiendo”
Después de pretender ayer obtener el papel de la hoja de medicación, para la tarjeta electrónica, no puedo adquirirla (porque no estaba, o estaba en día de descanso por una guardia) la titular ya nombrada para atendernos, me dijo la suplente que desde que se fue Maribel (ya conocí a tres) que debía hacerlo la electiva
Pues bien. Llamo esta mañana para el servicio de recetas y me dan para el martes de la semana que viene.
Ya vi ayer que el horario para estas recetas lo han adelantado a primera hora, que antes era a las 12h. Como “soy tan mal pensado”, cavilo, que es para que cuando tengan que abandonar el Consultorio a media jornada laboral del Servicio, para irse a otro pueblo del Centro de S. por los recortes del PP nos dejen las recetas dispensadas. Pero cuantas serán extendidas para que tengamos este evalúo de}{casi una semana de espera{}
Como somos unos mansos conformistas que todo lo aguantamos, pues adelante con lo que la J de C y L quiera regalarnos. Creo que esto mismo se lo voy a enviar ahora, a la Consejera de Sanidad

LO MANDE QUE LO PONEN DIFICILISIMO Y LO REENVIAN A AVILA. YA LO MANDE A UN DIPUTADO DE AQUELLAS CORTES

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http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2016/05/11/unidos-se-puede/
¡Unidos se puede!
Vicenç Navarro
Autor del libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015
Estamos hoy viviendo en España un periodo que creo justo definir como histórico. Lo que ocurra en los próximos meses definirá claramente el futuro de este país. Y si hay una movilización de la mayoría de las clases populares podría iniciarse una transformación profunda hacia una España mucho más justa y democrática, que reconozca y celebre la plurinacionalidad del Estado español. Hará casi cuarenta años desde que hubo una transición de una de las dictaduras más represivas que hayan existido en Europa (según el experto en fascismo europeo de la Universidad de Columbia en Nueva York, el Profesor Malefakis, por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000), a una democracia muy limitada y a un Estado del Bienestar poco desarrollado. Hoy hay posibilidades de que se haga otra transición.
Aquella primera transición ocurrió en un contexto político en el que había un enorme desequilibrio de fuerzas, pues en un lado estaban las fuerzas conservadoras que dominaban el Estado español y la gran mayoría de los grandes medios de información y persuasión, mientras que en el otro estaban las izquierdas, que lideraban las fuerzas democráticas y que acababan de salir de la clandestinidad, de la cárcel o de la vuelta del exilio. No podía haber un desequilibrio más marcado, y el dominio del proceso de transición por parte de las derechas dejó su imprimátur en el proceso y en su Constitución.
El Estado resultado de aquella transición no era producto de una ruptura con el anterior, ya que hubo ramas importantes del aparato del Estado que se mantuvieron claramente bajo el control de los herederos de los que establecieron la dictadura. Son consecuencia de ello la limitada democracia y la baja calidad de la cultura democrática, el gran retraso social que vive este país, así como la visión uninacional, radial, represiva de su plurinacionalidad (asignando al Ejército la defensa de la siempre presente “unidad de España” -el eslogan de los que realizaron el golpe militar fascista del 1936 contra la República democrática-, unidad que, por cierto, no había sido cuestionada por ninguna fuerza política republicana, puesto que no es lo mismo la redefinición que la desunión de España). El President Companys, asesinado por las tropas fascistas por separatista, quería redefinir, no desunir, España, estableciendo una España plurinacional, poliédrica (en lugar de radial, centrada en la capital del Reino –que tiene muy poco que ver con el Madrid popular, víctima también de aquella visión borbónica del Estado), en la que los distintos pueblos y naciones de España tuvieran la capacidad de decisión sobre su articulación con el Estado, expresada democráticamente, sin que fuera impuesta por el Ejército una unión forzada, como instruye la Constitución de 1978.
La supuesta defensa de la “unidad de España”
Esta defensa de la “unidad de España” era un eslogan y una excusa para mantenerse en el poder, perpetuando las oligarquías financieras y empresariales y su claramente abusiva influencia sobre las instituciones llamadas representativas y mediáticas del país. Como consecuencia de ello, España, todavía hoy, casi cuarenta años después de iniciarse tal democracia, es uno de los países con mayores desigualdades sociales en Europa, con menor gasto público social (en sanidad, en educación, en servicios sociales, en escuelas de infancia, en servicios domiciliarios, en vivienda social, en transferencias a las familias, en programas antipobreza, en prevención de la exclusión social, entre otros) por habitante, y con un Estado con escasa capacidad redistributiva.
Ni que decir tiene que mucho se ha hecho durante el período democrático, y muy en particular durante el periodo de gobierno de partidos de izquierdas, en especial del PSOE, a nivel del Estado central. Se hicieron avances importantes, con el establecimiento, por ejemplo, del Sistema Nacional de Salud, entre otros.
Pero, sin desmerecer lo conseguido, el hecho es que aunque el enorme retraso social se redujo, tal retraso continúa. Ya antes de la crisis, España se gastaba 66.000 millones de euros menos de lo que debía invertir en gasto público social por el nivel de desarrollo económico que tenía. Si nos gastáramos lo que se gastan los países nórdicos de Europa -donde el mundo del trabajo ha tenido mayor poder político en Europa desde la II Guerra Mundial-, y este gasto público social se invirtiera creando empleo, tendríamos unos tres millones y medio de puesto de trabajo más de los que tenemos, eliminando una gran parte del desempleo en el país (en Suecia, alrededor de uno de cada cuatro adultos trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar; en España no llega ni a uno de cada diez). Y ello es consecuencia de la gran debilidad del mundo del trabajo en España (ver mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Anagrama, 2006). La integración del aparato del PSOE en la estructura del Estado, sobre el cual el poder financiero y económico tiene una enorme influencia, diluyó, en gran medida, su vocación transformadora. Y cuando se presentó la crisis, la respuesta del PSOE fue típicamente neoliberal, como también ocurrió con la mayoría de partidos socialdemócratas en Europa………………………………………)

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