BIELSA (HUESCA).- Hitler ensayó nuevas técnicas militares


 

GARCÍA LONGÁS

BIELSA (HUESCA).- Hitler ensayó nuevas técnicas militares durante la Guerra Civil española. Durante la contienda, además de probar la efectividad nuevos ingenios bélicos, los jerarcas nazis pusieron en práctica sus teorías sobre la guerra relámpago (Blitzkrieg) que desarrollaron con éxito en las invasiones de Francia y de la URSS. El mes de marzo de 1938 y en menos de un mes la combinación de bombardeos de la aviación, el despliegue de carros de combate y el avance de la infantería deshicieron las líneas de defensa republicanas en el frente de Aragón. Al sur del Ebro, tres cuerpos del ejército rebelde, más los italianos del Cuerpo de Tropas Voluntarias, una división de caballería, más de cien baterías de artillería y la participación de 400 aviones, 300 de la Legión Cóndor, destrozaron el frente y penetraron en una semana 120 kilómetros hacia el este. Entre los días 15 y 21 de marzo los aviones franquistas realizaron bombardeos masivos sobre poblaciones civiles, con una intensidad que no se había conocido en la historia. El radio de acción de estos raids siniestros llegó hasta Barcelona, ciudad en la que se contabilizaron unos 1.200 muertos y más de dos mil heridos.

La segunda fase de la ofensiva tuvo como escenario la provincia de Huesca. Aquí, los franquistas pusieron en movimiento los cuerpos de ejército de Navarra, al mando del general José Solchaga; de Aragón, con el general José Moscardó al frente, y el de Marruecos, dirigido por el general Juan Yagüe. Unos cien mil hombres más 60 tanques, 400 cañones y casi 200 aviones. Frente a ellos, el denominado Ejército del Este, integrado por dos cuerpos de ejército, conducidos por los mayores, Miguel Gallo y Bartolomé Muntané. En total unos 35.000 soldados mal armados y sin apenas apoyo aéreo. El libro La Bolsa de Bielsa, de Antonio Gascón, recoge unas palabras del jefe Estado Mayor republicano, Vicente Rojo, en las que reconoce la inferioridad de sus tropas: “Nuestras unidades no eran realmente tales. Aunque se hablaba de cuerpos de ejército, porque así cuadra la organización que teníamos, en realidad, para poder considerarlos como tales, les faltaban hombres en una proporción no inferior al 30%, armamento en otra no menor al 40% y servicios medianamente dotados”. Los rebeldes se pusieron en movimiento el 22 de marzo, arrollaron a las fuerzas del Ejército Popular de las posiciones que con ligeras variantes se habían mantenido desde julio de 1936, cruzaron los ríos Cinca y Ésera y provocaron una desbandada casi general, de forma que el día 3 de abril, los fascistas llegaron al Segre y entraron en Lleida. Un poco más al norte, tropas de Solchaga cruzaron el río Noguera Ribagorzana, poco después el Noguera Pallaresa y el día 7 se plantaron en Tremp, de esta forma, los franquistas se apoderaron de la mayor parte de las centrales hidroeléctricas que abastecían Catalunya.

Esta hecatombe militar solo tuvo una excepción. Al norte de la provincia de Huesca, la 43 División republicana, aunque retrocedió en un primer momento, consiguió frenar el ímpetu tropas navarras gracias, en parte, a la orografía, a las fortificaciones que se levantaron durante el invierno de 1937 y a la ejecución de un plan de voladuras de infraestructuras terrestres elaborado por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército Popular. También a la voluntad de la 43 que hizo suyas las palabras del presidente de la República, Juan Negrín, “resistir es vencer”. Con el enemigo por delante y por retaguardia, atrapado en el área más agreste de las montañas pirenaicas, el mando de la 43 optó por fijar una línea defensiva a la espera de una presunta reorganización y contraataque del Ejército del Este. Esta línea dibujaba un arco entre los macizos del Monte Perdido (3.355 metros) y del Posets (3.375 metros) y que pasaba por el Circo de Cotatuero, los municipios de Puyarruego, Escalona y Laspuña, el macizo de Peña Montañesa, collado de Sahún y por las Crestas de Ixeia, al noroeste de Benasque, a la frontera con Francia. En total una superficie similar a dos veces a la isla de Ibiza y con capital en el municipio de Bielsa.

Los orígenes de la 43 División están en las unidades de milicias que se formaron tras la sublevación. Ahí estaban milicianos del Batallón de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), casi todos maestros aragoneses y en su mayoría muy jóvenes; el Batallón Cinco Villas, integrado por huidos de esa comarca zaragozana; del Batallón Altoaragón, en el que lucharon demócratas de pueblos de la comarca de Jaca y Sabiñánigo, y del Batallón de Izquierda Republicana, formado con militantes de ese partido de las comarcas de Los Monegros y del Bajo Cinca. Además, de miembros de las centurias obreras que se crearon en Barcelona y Caspe (Zaragoza) en octubre de 1936, soldados procedentes de Regimiento Pirenaico nº1, de adscripción catalanista, y 42 soldados del XIV Cuerpo de Guerrilleros.

En total, unos 7.000 hombres mal equipados, con unos 4.800 fusiles, algunos cañones y morteros y sin apoyo aéreo. Según el testimonio de uno de los soldados de la división “las bombas corrientes eras las de piña, pero recuerdo, a falta de ellas, en los últimos días, haber tirado hasta piedras”. Al frente de este ejército de pobres, un personaje de leyenda, Antonio Beltrán Casaña, L’Esquinazau. Beltrán nació en Canfranc (Huesca) en 1897, con 18 años luchó al lado de Pancho Villa en México, estuvo junto a los norteamericanos en Francia durante la 1ª Guerra Mundial en Francia, en 1930 participó en la sublevación de Jaca, durante la Guerra Civil fue uno de los mandos más populares de del Ejercito Popular y tras la derrota estuvo en la Frunze, la escuela del Estado Mayor soviético, para posteriormente pasar a Yugoslavia, Francia y México donde murió en 1960. La primera medida que adopta la 43 tras la decisión de hacer frente a la ofensiva franquista es la de evacuar a Francia a la población civil. Entre los días 7 y 14 de abril, unas 600 cruzaron al país vecino por el Puerto Viejo de Bielsa (2.378 metros). Tal como recoge Gascón en su libro los soldados republicanos “habían colocado puestos de cocina escalonadamente; puestos de café y coñac, para reanimar la sangre y el ánimo a los que caminaban. Se atendía y auxiliaba a las mujeres; se transportaba con toda precaución a los heridos. La caravana de los desarraigados de los valles, a través de la nieve, debe también su salida ordenada a la división”. En la evacuación, continúa el relato de Gascón, “participan dos compañías pertenecientes al batallón hipomóvil constituido por 400 mulos”.

Puede decirse que el 14 de abril de 1938, en el séptimo aniversario de la proclamación de la IIª República, quedo definitivamente fijada la Bolsa de Bielsa. Desde ese día, la 43 División soportó un bombardeo por tierra y por aire incesante, al tiempo que la prensa republicana se hizo eco casi diario de la evolución de los acontecimientos y empezó a llamarla La Gloriosa. El día 15 de mayo, Juan Negrín y Vicente Rojo cruzaron a pie la frontera por el puerto de la Géla todavía con nieve, visitaron la línea del frente y en un acto en Bielsa impusieron a la división la Medalla al Valor, la distinción militar más alta de la República. Con la llegada del mes de junio, el mando rebelde recrudeció la ofensiva con la orden de liquidar la bolsa. A la zona llegaron soldados de refresco hasta sumar 14.000, más del doble de los efectivos con que contaba la 43. Aviones Junkers-52, Heinkel-45, Heinkel-51 y Savoias intensificaron los bombardeos, desde el día 7 empezaron a lanzar bombas incendiarias sobre las poblaciones de Bielsa, Plan, Laspuña y Tella. Así hasta el día 15. En estas condiciones, con todas las unidades en repliegue constante, Antonio Beltrán ordenó la retirada. A las 4 de la madrugada del día 16 de junio de 1938, el último soldado republicano cruzó por el puerto Viejo de Bielsa. Ya en Francia, los soldados fueron sometidos al plebiscito de repatriación que permitía a los huidos elegir, 254 optaron por la España franquista y fueron conducidos a Irún y 5.440 eligieron la República y pasaron a Cataluña por Portbou. A finales del mes de julio, la 43 División de Ejército Popular volvió al combate en la Batalla del Ebro. En el municipio de Bielsa, un monolito recuerda a los vecinos del pueblo muertos en el valle en defensa de de la República y la Democracia, y lo alto de puerto Viejo, justo antes de cruzar la frontera una placa reza: “A cuanto cruzaron este puerto para romper el bloqueo de la ‘Bolsa de Bielsa’ por defender la libertad frente al fascismo. En honor a la población civil del Altoaragón y a la 43 división republicana. Dignidad, memoria y paz”. A pocos metros, en el lado francés , un cartel también recuerda los hechos de la primavera de 1938. Sendero de la Bolsa de Bielsa: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10144083

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