Recordando a Lorca y su obra cumbre, Poeta en Nueva York


Esta noche volverán a  asesinar a Lorca.

Nosotros lo resucitaremos.

Recordando a Lorca y su obra cumbre, Poeta en Nueva York, ochenta años después de su asesinato

Su libro de poemas ‘Poeta en Nueva York’ es quizá su obra de mayor influencia, no solo en la tradición hispanohablante sino en la cultura contemporánea occidental

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El valorado ejemplo lo tenemos en esta edición de Galaxia Gutenberg Poeta en Nueva York (2013), preparada con rigor y esmero por el hispanista británico Andre A. Anderson, que sigue fielmente la última voluntad de Federico García Lorca, que se puede con toda garantía considerar “la primera  edición moderna que se basa directamente en ese material esquivo, y por lo cual puede considerarse, sin lugar a dudas, como versión definitiva de un poemario que se cuenta entre las cimas del siglo veinte…” de aquí “su poderosa influencia no solo en la tradición hispanohablante sino en la cultura contemporánea occidental” Firmes criterios que ya en 1940 expuso el poeta y novelista norteamericano Conrad Aiken (1889-1973)  manifestando en aquella edición con la que se habría una nueva colección de Poeta en Nueve York, “que la fertilidad aparentemente inagotable de la imaginación de Lorca. Una imaginación pródiga y fantástica, que estaba en todas partes a la vez: los mundos subjetivo y objetivo combinados e inflamados en una sola bola;  lo cotidiano desposado singularmente con lo clásico; la canción popular cruzada con el barroco”

Nadie ha podido borrar su sonrisa, la alegría de la vida, bailar con los luceros en noches de guitarra, su mágica inspiración creadora. Que algunos españoles salgan de vez en cuando con el “Ya está bien de Lorca” no deja de ser otra cosa que la envidia ibérica, la ignorancia voluntaria, esa zafiedad de  tirar al derrote, tan castiza como espeluznante en una España que, afortunadamente, el embestir con la cabeza retrocede, aunque todavía poseen un amplio campo por el que su verborrea es escuchada y aplaudida desde el graderío, fúnebre pantano del inmovilismo. Porque sobre el autor de Poeta en Nueva York se han escrito muy diversas biografías, algunas llenas de medias verdades, que en gran medida durante años han venido confundiendo al ciudadano lector. De aquí que con Lorca no se puede ser solamente lector, son muchas las personalidades, las cuales en su mayoría podrían estar justificadas ante el estado de censura vivido durante tantos años en España. Esta cuidada edición es el más vivo venero poético de tan importante e innovadora  parte de su obra. Hoy sus versos  de Poetas en Nueva York cuadran con la realidad de esta España de charol y sacristía en la trastienda y descaro público de monaguillos fieles vigilantes de los sochantres barrigudos de la corrupción. ¿Acaso estos versos lorquianos que cierran mi crónica no están poseídos de humanidad y realismo sin fronteras?

No hay más que un millón de herreros

forjando cadenas para los niños que han de venir.

No hay más de un millón de carpinteros

que hacen ataúdes sin cruz.

No hay más que un gentío de lamentos

que se abren las ropas en espera de la bala.

(Poeta en Nueva York)

 

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