El obispo Cañizares baila el chiki chiki


David Torres

El obispo Cañizares baila el chiki chiki

Ahora que andamos nosotros también muy religiosos copiamos esta

 

Hay delitos que no prescriben, y para corroborarlo, ahí está el concejal Guillermo Zapata, al que van a juzgar una vez más por unos tuits chistosos de hace cinco años. Poco importa que Irene Villa, una de las pocas víctimas con vida del malvado humor negro de Zapata (los demás, efectivamente, están todos muertos), dijera que ella no se sentía ofendida, ni que el juez Pedraz haya archivado tres veces la causa. Dos jueces apartados del caso Gürtel por afinidades electivas con el PP han votado a favor de enviarlo a juicio el 7 de noviembre. Caso de que salga airoso otra vez, Zapata (a quien tampoco ayuda mucho el apellido) tendrá que responder ante el Supremo, ante la UEFA y ante el Tribunal de la Haya.

Para el juez Pedraz no cabe duda alguna: se trata de chistes que no tenían intención de ofender y que están amparados por la libertad de expresión. Sin embargo, no lo ven igual la asociación Dignidad y Justicia, ni Manos Limpias, que son más papistas que el Papa y mucho más tiquismiquis que Irene Villa. La tozudez de la acusación, que se alarga ya más de un año, contrasta con la celeridad con que la Audiencia Provincial de Valencia ha archivado la causa contra el cardenal Cañizares, el clérigo de faralaes famoso por sus insultos a feministas, homosexuales, ateos, refugiados y otros odiosos colectivos. Cañizares comparó las violaciones infantiles de curas católicos con el aborto, con aplastante victoria moral del primero sobre el segundo, puesto que los curas no matan embriones sino que sólo les joden la vida con cinco o seis años de retraso. Luego bramó contra el matrimonio homosexual, convocó una vigilia por la unidad de España y lanzó una sorprendente reinterpretación de los Evangelios al hablar de la invasión de inmigrantes y de que los refugiados no son todos trigo limpio. Como él, por ejemplo.

La interpretación que los magistrados han hecho de las palabras de Cañizares, retorciéndolas como toallas, no dista mucho de algunas hilarantes traducciones del latín con las que en el Instituto Simancas nos partíamos la caja. Así el célebre lamento de Cicerón (O tempora, o mores), que venía a decir “oh tiempos, oh costumbres”, resultaba en una disyuntiva fascinante: “O te paras o mueres”. Mejor todavía, y mucho más cercana al espíritu de la Audiencia Provincial de Valencia, era aquella otra que decía: “Oh tiempo de los moros”.

La verdad, el auto de los jueces parece la versión por escrito de aquel vistoso número de karate que improvisó Braam Jordaan, el intérprete gestual durante el funeral de Mandela. El hombre la podía haber líado parda, especialmente durante el discurso de Obama, pero al final se limitó a bailar la Macarena. Los sordos de medio mundo se quedaron patidifusos, como ciegos palpando una pared al gotelé: unos pensaban que estaba dirigiendo el tráfico y otros sospecharon que Mandela, en realidad, era un indio apache. A los magistrados que han archivado la causa contra Cañizares en defensa de la libertad de expresión sólo les ha faltado dividir el auto en cuatro pasos: las violaciones, el breikindans; el imperio gay, el crusaíto; los refugiados, el maykeljakson; la unidad de España, el robocop

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