Un vaso de vino (cuentos republicanos)


 

http://ctxt.es/es/20161221/Culturas/10211/cuentos-republicanos-Magda-Bandera-ficcion-manifestaciones-14-de-abril-Zapatero.htm

CUENTOS REPUBLICANOS

Un vaso de vino

Magda Bandera

No sé por qué me dijo que era republicano en nuestra primera cita, al tercer o cuarto vaso de vino. Quizá fue porque me sorprendió leyendo las pegatinas de su chaqueta, aunque ahora no sabría precisar si decían “No a la ley de extranjería” o “Salvemos las ballenas”. En realidad, aquellos lemas no me interesaban demasiado, solo quería ganar tiempo.

Nuestro primer encuentro fue un accidente. Javier estaba en una manifestación y decidió telefonear a su amigo Mario para tomar una cerveza, pero su dedo resbaló hasta mí. Me rellamó. Lo había hecho un par de horas antes, porque quería entrevistarme para el diario. Durante aquella charla su tono fue bajo, tenía poco que ver con su euforia mientras creía estar hablando con Mario:

—¡¿Tú dónde andas?! ¡Qué mal que no hayas venido! Ha estado fenomenal, de veras. Estoy de subidón. Nos vemos dentro de media hora en El Desván para celebrarlo.

Cuando al fin se calló, pude aclararle que se había equivocado de número:

—No soy Mario. Soy Lola, acabas de hacerme una entrevista por teléfono.

—Hostia, perdona.

—No pasa nada. Me ha hecho mucha gracia lo de tu subidón. ¿Puede añadirme a la fiesta?

—Bueno…

No te preocupes, es broma.

—No, ven, ven, en serio… Siempre es mejor ver la cara de los entrevistados.

Cuando se acabó el vino, Javier me dijo que le gustaba mi nombre, Dolores. Me temí lo peor y acerté. Era un viejo comunista de treinta años.

—¿Y cómo has aceptado trabajar un 14 de abril?

Mi ironía no pareció molestarle, porque pidió otra botella. Al principio me sorprendió que tomásemos tinto a secas. Pero no podía ser de otro modo, aquellas mesas de madera sin barnizar pedían vasos grandes, sorbos lentos.

—¿Los periodistas tenéis contrato?

Tampoco sé por qué le hice aquella pregunta tan abrupta. Tal vez fue para agradarle, porque estaba segura de que a partir de entonces empezaría a hablar sin descanso y yo podría aprovechar su entusiasmo para observarle a mi antojo. Y, sobre todo, evitaría que él siguiera con su interrogatorio telefónico. (……..)

 

 

 

 

 

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