“Llevamos la corrupción en los genes y en España tiene que ver con la dictadura”


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Juan Echanove “Llevamos la corrupción en los genes y en España tiene que ver con la dictadura”

El actor, que saltó al estrellato a los veintipocos, ha sido uno de los artistas más significados políticamente. Desde el 7 de abril hasta el próximo 7 de mayo interpreta en el Teatro de la Comedia la obra ‘Sueños’. “No sé qué es más problemático: que Quevedo fuera un visionario o que nosotros estemos retrocediendo al Barroco”
Resulta que no sólo él se ha transformado en Quevedo con su larga melena, abundante bigote y perilla. Resulta que, manda narices, España ha regresado, poco a poco, al país que retrató uno de los más populares escritores del Siglo de Oro hace cuatro siglos. “No sé qué es más problemático: que Quevedo fuera un visionario o que nosotros estemos retrocediendo al Barroco”, opina Juan Echanove (Madrid, 1961) en su domicilio en el centro de Madrid, escoltado por decenas de volúmenes sobre cocina, una de sus grandes pasiones. El actor, que saltó al estrellato a los veintipocos, ha sido uno de los artistas más significados políticamente, y no sólo por la publicitada protesta contra la guerra de Irak. Desde el 7 de abril hasta el próximo 7 de mayo interpreta en el Teatro de la Comedia la obra Sueños.
-Del Derecho a la interpretación. ¿Por qué?

Yo fui a Derecho porque todos mis amigos iban ahí. No estaba convencido y, de hecho, nada más entrar en la facultad me di cuenta de que no era lo mío. Me pasé a la interpretación por una serie de casualidades. Mis padres vivían en San Lorenzo del Escorial y me comentaron que allí había una audición para una compañía que se estaba formando en torno a un director que venía del exilio, de México, y que había estado con Lorca en La Barraca: Álvaro Custodio. Me aceptaron y me incorporé, al mismo tiempo que estaba estudiando Derecho, porque no le podía decir a mi padre que quería ser actor. Eso era algo que antes era traumático.
-Estaba mal visto en la sociedad.

El artisteo, la prostitución… El estamento más bajo. Eso nos obligaba a tener una vida social prácticamente críptica, fuera de la ley. Y era muy interesante porque se formaban grupos y entornos en los que los afines se apoyaban e ideológicamente se vivía en una efervescencia contínua.
-A su padre le dio un disgusto.

Sí, pero cuando se jubiló acabó trabajando conmigo durante quince años. Mi padre pasó de la desaprobación absoluta a la integración absoluta. Cuando murió, las coronas de flores que había en el tanatorio eran mayoritariamente de mi profesión, no de la suya.
-Lo de su padre sí que fue la transición.

Desde luego que sí. Mi padre era un hombre inteligente, lo que pasa es que, como a todos los padres de la Transición, le daba miedo que yo tuviera una simpatía absoluta hacia el radicalismo de izquierdas y, a la vez, que viviera del teatro. Era algo que le parecía imposible. Yo le entendí en su momento. (……….)

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