Largo Caballero


Ayer 23 de marzo, se cumplen 72 años del fallecimiento de D. Francisco Largo Caballero.
Mucho se sabe de su trabajo, de su vida, de las muchas responsabilidades que ostentó uno de los socialistas más influyentes del siglo XX, las más importantes: Presidente del Consejo de Ministros (1936), Ministro de Trabajo y Previsión social (1931), Ministro de Guerra (1936), Presidente del PSOE (1932), Secretario general de la UGT (1918), Diputado a Cortes en varias legislaturas (1918 y 1931).
El hijo de una criada y un carpintero, que empezó a trabajar a los 8 años y que llegó a ser Presidente del Gobierno, fue el primer socialista ministro de Trabajo, el líder de masas que mejor conectó con los sueños obreros, como sindicalista defendió la revolución sin paliativos pero también desde el reformismo.
Hoy se le elogiará incluso algunos criticaran la trayectoria política del conocido con un apodo que nunca le llegó a gustar, el “Lenin español”, pero desde La voz de la necrópolistrataremos de sus últimos días y de sus dos entierros.
Este madrileño, nacido en Chamberí, cobró su primer salario público como concejal del ayuntamiento de Madrid, precisamente por el Distrito de Chamberí, junto con Pablo Iglesias y Rafael García Ormaechea, el distrito donde además vivía compartiendo piso con otras dos familias.
Curiosamente fue elegido Diputado (1910) por el mismo distrito de Madrid, ¡su Chamberí!
Francisco, como él mismo dijo en 1939 “Yo, que puedo decir que he recorrido toda la escala política, que he sido concejal, diputado provincial, diputado a Cortes y ministro, os digo que al dejar los cargos no he tenido que volver a la clase obrera, porque jamás salí de ella; me ha bastado con sustraerme a los halagos y las comodidades personales, sabiendo que mi puesto no podía estar más que en el campo obrero. Porque la redención de la Humanidad solo puede hacerla la clase obrera.”
Sus últimos años los vivió en el exilio, en París durante 15 meses. Tras la invasión de Francia por la Alemania nazi (1940) se traslado a Albi, allí fue detenido y confinado en una residencia vigilada cerca de Albi, en 1941 regresó con su hija a Albi.
A pesar de los esfuerzos diplomáticos para conseguir un visado que le permitiera residir en México, donde ya vivía su hija Concha, no pudo salir de Francia. Franco solicitó su extradición (1941) siendo detenido en varias cárceles francesas, él mismo contó el trato infernal que sufrió y que incluyó desnudez, frio y hambre a pesar de su edad y de su delicado estado de salud, en la de Limoges,. Fue juzgado resultando denegada la extradición por el tribunal de Limoges. Fue confinado en un hotel balneario habilitado como prisión en Val-les-Bains, como “individuo peligroso para la Defensa Nacional y la Seguridad del Estado”y de allí a otro centro similar en Noyons (1942).
En febrero de 1943 fue detenido por la Gestapo y trasladado al cuartel general de la Gestapo de París, contaba setenta y dos años. Durante meses fue sometido a interrogatorios. En julio de 1943 fue enviado a Berlín y de allí al campo de concentración nazi de Sachsenhausen, al norte de Berlín.
Permaneció en el campo de concentración casi dos años, hasta que una unidad polaca del Ejército Rojo liberó el campo el 24 de abril de 1945. Permaneció cuatro meses en Berlín y en septiembre de 1945 regreso a París. En esta última etapa si participó activamente en los actos y debates políticos del momento, elaboró un proyecto contra Franco.
A finales de enero de 1946 enfermó gravemente de una dolencia renal que fue complicándose, primero se le extirpó el riñón derecho, cinco días después se le amputó la pierna izquierda, falleciendo el sábado 23 de marzo de 1946. Su cadáver fue expuesto durante tres días en la sede de la Internacional Obrera SFIO, En su funeral se le otorgaron honores de jefe de Estado.
“El proletariado español ha perdido al hombre más representativo de su clase”
Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise de París a los pies del Muro de los Federados, dedicado a los mártires de La Comuna. Su primer entierro fue toda una gran manifestación con más de 20.000 asistentes, a la que no faltó representación alguna. Fue el sepelio con más honores de todos los dirigentes españoles fallecidos en el exilio
Francisco pasó a ser otro de nuestros políticos exiliados y enterrado fuera de nuestro país.
Pero sus restos regresaron a España en abril de 1978.
El 6 de abril de 1978, llegaron en avión sus restos desde París. Su féretro fue expuesto dos días en la sede de UGT situada en la entonces calle García Morato. CCOO emitió un comunicado: “CCOO quiere rendir público homenaje en su memoria, uniéndose en su recuerdo a los compañeros de UGT”.
El 8 de abril se produjo el entierro de los restos mortales. La comitiva fúnebre partió desde la plaza de Las Ventas hacia el cementerio Civil a las 17 h. Fueron necesarios más de 2.000 militantes para el servicio de orden.
La cabecera del cortejo estaba compuesta por dieciséis taxis de miembros de la UGT que transportaron a las personas de mayor edad, seguía el coche fúnebre y tras él la familia, las ejecutivas del PSOE y de UGT y de las Juventudes Socialista, tras ellos miles de asistentes, 500.000 según los organizadores, 400.000 según la policía municipal.
Hora y media más tarde la cabecera del cortejo llegó al Cementerio Civil, donde el servicio de orden solo permitió la entrada a la familia, a los dirigentes políticos y sindicales y a la prensa, dado las pequeñas dimensiones del cementerio y la gran cantidad de asistentes.
Fue necesario colocar un jeep para sujetar las puertas del cementerio. Nicolás Redondo se subió al mismo para pronunciar unas palabras a los asistentes. Dentro, Felipe González y otros dirigentes socialistas transportaron el féretro a hombros hasta su sepultura, mientras reinaba un absoluto silencio en el millar de personas que pudo acceder al interior del cementerio.
Los asistentes tardaron más de tres cuartos de hora en desfilar ante las tapias del cementerio, tiempo que debieron de permanecer en el interior la familia, los más de 50 periodistas y algunos de los políticos, Felipe González y otros dirigentes lo abandonaron por el cementerio hebreo. Se había extendido el rumor de una amenaza de atentado contra González.
A los actos no asistió ninguna autoridad ni representación oficial, salvo González Velayo, Teniente de Alcalde.
El acto, su segundo entierro, fue, en palabras de Nicolás Redondo, “el cumplimiento de una deuda contraída por la clase trabajadora española con Francisco Largo Caballero: el compromiso moral de devolver sus restos a su tierra”. Desde entonces reposa junto a Pablo Iglesias, Julián Besteiros y otros líderes socialistas.
Sirvan estas líneas como homenaje a Largo Caballero, en el aniversario de su muerte, pero quiero hacerlo extensible a todos aquellos y aquellas que murieron en el exilio y cuyos restos reposan fuera de España.
¡Qué injusto tener que dejar tu país por defender una sociedad más libre y justa. Qué triste morir y ser enterrado en otra tierra que no fue por la que luchaste. Nuestra tierra llora su ausencia

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