Fraude al consumidor con el aceite de oliva


Fraude al consumidor con el aceite de oliva. Los ministerios de Agricultura y Sanidad tienen la “fundada sospecha” de que hay empresas productoras que están “alterando muestras” –que se utilizan para determinar la calidad del aceite de oliva– para vender aceites a un precio superior al que por su calidad les correspondería.

En una carta enviada el 1 de abril por la Dirección General de la Industria Agroalimentaria a las comunidades autónomas, que tienen las competencias en la materia, el director general insta a los gobiernos regionales a que “se adopten medidas y sistemas de precintado que eviten la manipulación de las muestras”. eldiario.es ha tenido acceso a esa carta.

¿Cómo se hace? Al inicio del proceso de producción de un lote de aceite los inspectores toman unas muestras para su análisis, que determinarán la calidad del producto. Una muestra que se precinta. Esos precintos no pueden ser manipulados por nadie y es lo que estarían haciendo los defraudadores. Abren, meten en una de las catas aceite mejor y lo envían a la Administración para un contraanálisis que sale, obviamente, de mejor calidad, según explican fuentes del sector conocedoras de los procesos.

Mientras que el aceite de oliva virgen cuesta entre 3,5 euros el litro (las marcas blancas) y cinco euros, el virgen extra oscila entre los 4,1 euros y los seis euros el litro. En el caso de los lampantes, los aceites de oliva de más baja calidad pueden caer hasta los 2,5 euros por litro, con lo que vendidos a precio de virgen extra pueden duplicar su precio.

Las fuentes consultadas aclaran que no se trataría de un problema de salud –los aceites no son de mala calidad– sino de un fraude al consumidor con el etiquetado y por tanto el precio. “Todo el mundo [en el sector] sabe lo que está pasando”, confirman varias fuentes.

El Gobierno no responde

La Administración calla. Este diario ha preguntado a los ministerios de Agricultura, del que parte la misiva alertando del fraude, y Sanidad, que en el ámbito de sus competencias de consumo también está involucrado en los controles, pero ninguno ha considerado que el hecho de que se esté cometiendo un fraude a los consumidores, cobrando aceites a precio de una calidad superior a la que realmente tienen, merezca explicaciones, por lo que no se conoce (públicamente) el alcance de esta supuesta estafa y a qué productora corresponden las muestras manipuladas.

La carta de Industria Alimentaria menciona “una serie de expedientes sospechosos” y “algunas muestras”, sin especificar más. Fuentes involucradas en los procesos de análisis sostienen que “no hay que generalizar”.

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