La abdicación de la izquierda


La abdicación de la izquierda

Vicente Clavero

A veces me pregunto si el PSOE y Podemos no habrán dilapidado la posibilidad de formar un Gobierno de izquierda sólo para que el PP tenga que apechugar con su propia herencia. Una herencia lamentable desde el punto de vista económico y social, que incluye los niveles de deuda pública, paro y desigualdad más elevados de la reciente historia de España. Y que nos deja un sistema de pensiones prácticamente en quiebra, debido a la catastrófica política de empleo desarrollada por Mariano Rajoy durante su primera legislatura.

Gestionar ese terrible legado no es plato de gusto para nadie, porque puede requerir soluciones traumáticas, que con el PP en el Gobierno no diferirían muchos de las adoptadas en 2012 y 2013. Ya saben: recortes al Estado del bienestar, subidas indiscriminadas de los impuestos con más potencial recaudatorio, eliminación de derechos laborales que costó años conquistar… Todo ello adobado con nuevos ataques a la libertad, mediante leyes represivas que impidan luchar contra las decisiones que se toman en el Parlamento o en los despachos ministeriales.

Quiero creer que un Gobierno de izquierdas desarrollaría otras estrategias para afrontar la herencia de Rajoy, aunque he de reconocerles que no las tengo todas conmigo. Al fin y al cabo, los ajustes empezaron –y de qué manera– con José Luis Rodríguez Zapatero, cuando en mayo de 2010 fue incapaz de sobreponerse al ataque de pánico que le produjo la amenaza de un inminente rescate de España. En cuanto a la posibilidad real de plantar cara a los poderes financieros internacionales, como propone Podemos, no hay más que recordar el duro correctivo sufrido por Alexis Tsipras en Grecia.

Con estos antecedentes, no tendría nada de particular que la izquierda hubiera preferido  “que gobiernen ellos”, lo cual ayudaría a entender –siendo muy benevolentes– las trabas que se ha puesto a sí misma para tomar el relevo del PP. Pero me temo que la explicación es mucho más sencilla y sólo tiene que ver con la incapacidad de unos y otros para anteponer las esperanzas de cambio de millones de ciudadanos a sus desavenencias partidistas o personales.

Tras el 20-D y –con más dificultad– desde el 26-J, PSOE, Podemos e IU han tenido la oportunidad de intentar al menos que los sacrificios futuros no recaigan sobre los de siempre, y hasta ahora la han desaprovechado. Las derechas, sin embargo, no parecen dispuestas a desaprovechar la suya. Ni la derecha de siempre, ni la camuflada, ni la que esconde su verdadera naturaleza detrás de la máscara nacionalista. Ellos tienen claras sus prioridades. Por eso van ganando.

 

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