La lista negra de los 500: los ‘paseados’ gallegos del 23-F


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La lista negra de los 500: los ‘paseados’ gallegos del 23-F

La extrema derecha elaboró registros de ciudadanos que debían ser controlados en el caso de que triunfase el golpe de Tejero. El plan pasaba por encerrarlos en recintos deportivos de la región, como el Palacio de los Deportes de A Coruña. Personalidades como Beiras, González Laxe, Camilo Nogueira o Díaz Pardo figuraban entre los objetivos de los ultras. La paranoia de los reaccionarios apuntó a cientos de inocentes, como Santiago Pazos, un estudiante del PSP cuyo único delito fue organizar una conferencia de Tierno Galván.

HENRIQUE MARIÑO

@solucionsalina

Hay una foto donde el Viejo Profesor apunta con el dedo hacia arriba, como señalando un peligro que se cierne sobre quienes lo acompañan en la mesa: la cólera de un dios nacionalcatólico, el boicot de los estudiantes independentistas, tal vez un nubarrón reaccionario e inclemente que amenaza con descargar de un momento a otro. A su lado, José Doldán, Jorge Enjuto y Santiago Pazos. De pie, llevándose las manos a la cabeza, el profesor José María de la Viña observa la platea del salón de actos del Instituto Alfredo Brañas de Carballo. Parece que se tira de los pelos, aunque los nervios estarían justificados: es diciembre de 1976 y el fantasma de Franco todavía lava más blanco. Para la celebración de la conferencia, a cargo de Tierno Galván, los organizadores han tenido que pedir permiso al Gobierno Civil de A Coruña, que también autorizaría la exhibición de una pancarta con el lema: “Las ideas tienen que hacerse prácticas para que el pueblo luche por ellas”.

Los cuadros locales del Partido Socialista Popular sacan pecho. Han conseguido traer al líder del PSP, quien meses más tarde será elegido diputado y, tras las primeras elecciones democráticas de 1979, investido alcalde de Madrid. Todavía no ha integrado la sigla marxista en el PSOE de Felipe González, encargado de fagocitar las formaciones políticas a la derecha del PCE. En la foto no sale Jesús Rodríguez Conde, el abogado que abandera la causa de Tierno en Carballo, firmante de la petición a las autoridades gubernativas y cuya mediación ha posibilitado la visita. Bajo su paraguas progresista, un puñado de adolescentes había convertido las juventudes locales en unas de las más pujantes del partido. La imagen da fe de su implantación en la localidad coruñesa, aunque sólo pasaría a los anales de la historia política municipal si no fuese por el tejerazo, que mantuvo en vilo al país el 23 de febrero de 1981.

Aquella benemérita tarde, Santiago Pazos esperaba a Raúl Morodo en su despacho de la calle Eduardo Dato de Madrid. El estudiante carballés financiaba sus estudios de Sociología en la Complutense echándole una mano al rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, quien no acudiría a la cita. Una llamada suya advirtió a su secretaria de que tanto ella como su ayudante debían refugiarse en un lugar seguro, pues un enjambre de guardias civiles había tomado el Congreso al asalto. Morodo, cofundador del PSP y diputado del Congreso entre 1977 y 1979, ya había puesto pies en polvorosa. Pazos se cobijó en la casa de un amigo en Fuente el Saz del Jarama, un pueblo dormitorio a treinta kilómetros de la capital, donde aquella madrugada fue incapaz de conciliar el sueño pese al mensaje televisivo del rey Juan Carlos I, quien durante su intervención lució el uniforme de capitán general de los Ejércitos.

Las medidas de precaución parecían suficientes, aunque Pazos no sería consciente del peligro que había corrido hasta 1991, cuando se celebró el décimo aniversario del golpe. “Me quedé toda la noche pensando en cómo huiría si triunfaba la asonada. En Madrid no me conocían, pero en mi pueblo, sí. Era consciente de que podían venir a por mí, por lo que tenía miedo a las represalias”, recuerda el sociólogo, quien había comenzado a militar en el PSP en 1974, con sólo dieciséis años. “Poco después, Carballo ya era un bastión nacional de las juventudes del PSP”, añade Pazos, entonces residente en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, una incubadora de rojos a la vanguardia de la lucha antifranquista. Los estudiantes que permanecieron en sus instalaciones todavía recuerdan el eco de los disparos en el Congreso. “Había un concierto y no teníamos con qué probar el sonido, así que utilizamos la radio. Oímos el tiroteo amplificado en todos los altavoces del salón de actos”, relató tiempo después el colegial José Carlos Tuderini a la periodista de El País Anaís Berdié. “Algunos escaparon, otros fueron a esconderse en su casa. Aquí nos (…….)

 

 

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