“Mamá, ya sé lo que nos pasa. Sé que nos quieren quitar la casa”


http://www.eldiario.es/sociedad/Desahucios-infancia-PAH_0_597740614.html

“Mamá, ya sé lo que nos pasa. Sé que nos quieren quitar la casa”

Daniel tiene siete años y sabe lo que es un desahucio. Su familia debe 230.000 euros al banco por una casa que compraron en 2007 y no pagan desde 2015

Las familias con la casa en riesgo recurren al “pacto de silencio”: no cuento y no preguntas, según un estudio de la PAH 

Los datos oficiales no informan sobre la composición de los hogares, por lo que no se conoce cuántos menores pasan por este trance que vulnera sus derechos

Cuando Damaris y Juan contaban el cuarto mes sin pagar la hipoteca, su hijo Daniel llegó a casa tranquilo, miró a su madre y le dijo: “Mamá, ya sé lo que nos pasa. Sé que nos quieren quitar la casa. No va a pasar nada”. Damaris se acuerda como si fuera ayer de ese momento, aunque ya ha pasado casi un año. Un año es para esta familia 12 mensualidades más sin cumplir. 230.000 euros de deuda.

Daniel tenía entonces seis años y veía lo que pasaba en casa. Ni él ni su hermano Samuel, de tres, pueden ir nunca a comer una hamburguesa fuera ni al cine. Cuando tiene el cumpleaños de algún amigo del cole, mamá se agobia y a veces no van. Muchos días comen y cenan en casa de los abuelos y el cartero trajo un día un papel, y mamá ya no pudo terminar de comer lo que tenía en el plato.

No entiende qué es un burofax ni una subasta, pero sí ha aprendido lo que significa la palabra desahucio. Daniel participó el año pasado en un taller montado a través de la colaboración de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) con Enclave de Evaluación y Qiteria que reunió a niños y niñas de su edad y sus circunstancias.

Hablaron de lo que les pasaba a través de dinámicas dirigidas por expertos que elaboraron después  un estudio Te quedarás en la oscuridad: desahucios, familias e infancia desde un enfoque de derechos –, el primero en España sobre cómo afecta a los menores la amenaza de perder su casa. El apoyo mutuo, concluye la investigación, funciona con niños y niñas igual de bien que con adultos en un proceso que “vulnera” sus derechos como menores.

Pese a que Unicef estima que el 70% de los desahucios en España repercuten en hogares con niños y niñas, solo había  un estudio sobre la cuestión, centrado en procesos en Guipúzcoa. La investigación de la PAH, Enclave de Evaluación y Qiteria se basa en las experiencias de una decena de familias en Madrid recogidas a través de entrevistas, cuestionarios y talleres con los adultos y dinámicas grupales con los menores.

No hablar para protegerse

Es imposible conocer cuántos niños y niñas han pasado o pasan por este trance vital porque los datos oficiales no aportan ninguna información sobre la composición de las familias afectadas. Y eso que hay tres fuentes de cifras: el Instituto Nacional de Estadística, el Consejo General del Poder Judicial y el Banco de España, aunque este último ya ha dejado de actualizar sus números.

Según unos datos parciales recabados por la PAH Madrid entre 2011 y 2014 y referidos solo a familias en contacto con la plataforma que han recibido una orden de lanzamiento (fecha límite para dejar la casa), el 60% de los casos corresponde a hogares donde hay menores. El porcentaje más alto son unidades familiares con cuatro miembros (33%), de las que el 39% cuentan con niños y niñas menores de tres años.

Los menores con edad suficiente para percibir el ambiente en casa, señala el estudio, repiten el patrón de lo que llaman “el pacto de silencio”. “Un pacto no escrito para evitar hablar del conflicto en un intento de reducir el nivel de estrés que se vive en estas situaciones y de protección mutua intergeneracional: ‘yo (adulto) no te cuento y yo (niño) hago como que no sé”.

Pero los niños y niñas en realidad van “descodificando por sí mismos el origen de los malestares y los desbordes que perciben en sus padres mostrando en los talleres tener un muy elevado conocimiento sobre el conflicto”. “Nos dimos cuenta de esto porque en el momento que Daniel empezó a hablar dijo abiertamente que él sabía. Sabe que la casa supone un problema y dice que no quiere que su madre sufra”, explica David Kaplún, uno de los antropólogos que han participado en la investigación.

 

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