No empujen, por favor


 Tribuna

No empujen, por favor

La solución al bloqueo de nuestro país no pasa por la inmolación voluntaria del PSOE en aras de los intereses de otras fuerzas políticas, y en contra de los intereses de una mayoría de los españoles y españolas

José Andrés Torres Mora

 

26 de Agosto de 2016

La semana que viene asistiremos a la celebración del pleno de investidura, previsiblemente fallida, del señor Rajoy. Hace un par de meses las élites de la derecha y de la izquierda populista (uso el término populista en el sentido del profesor Laclau) estaban convencidas de que el PSOE facilitaría la investidura del candidato del PP, pero algo no ha salido como habían previsto.

Más allá de su retórica de la mano tendida y de la suma posible, la izquierda populista sigue convencida de que el PSOE es una versión taimada de la derecha y que, además, tiene manchadas sus manos por crímenes de Estado. Esa visión, que inspiró al señor Anguita en los noventa, es la misma que inspira al señor Iglesias en la actualidad. La operación de entonces facilitó la llegada al gobierno del señor Aznar, la de ahora, después de la repetición de las elecciones, ha contribuido a acercar un poco más al señor Rajoy a sus objetivos. En todo caso, para Anguita o para Iglesias, y para quienes piensan como ellos, el PP y el PSOE son lo mismo, de modo que cabe esperar que el PSOE apoye al PP. Y en esa cómoda ilusión se habían instalado quienes aspiran a sustituir al PSOE en el liderazgo de la izquierda, hasta que se han encontrado con el famoso “no es no”.

En el caso del PP la razón de sus esperanzas es la contraria. Confían en que el PSOE desbloquee la situación, porque saben que los socialistas no son como ellos. Es decir, porque saben que los socialistas se sienten responsables del sistema democrático y no quieren someterlo a las tensiones insoportables, a las que el PP sí está dispuesto a someterlo. Rajoy les dice a los socialistas: si ustedes no son capaces de formar un gobierno alternativo, no tienen derecho a forzar unas terceras elecciones. Que es precisamente lo que él, y el señor Iglesias, hicieron con las segundas elecciones. Obviamente, y de igual modo que la lógica de los sueños no respeta las contradicciones, los dirigentes del PP esperan de los socialistas una abnegación cercana al martirio a la par que los acusan de connivencia con el terrorismo a la menor oportunidad. Una oportunidad que en este caso han encontrado en la candidatura del señor Otegi a las elecciones del País Vasco.

Lo cierto es que en este juego de suposiciones y deseos casi nadie se ha molestado en preguntarse por qué los socialistas se niegan a jugar el papel que sus adversarios le han asignado en esta obra. Una obra que consiste, ni más ni menos, que en poner, de nuevo, al señor Rajoy al frente del Gobierno de España. Lo que significa convalidar las políticas y actuaciones del señor Rajoy, de su gobierno y de su partido, a lo largo de la legislatura de 2011 a 2015. En este caso las presiones que sufre el PSOE en la oposición no son iguales que las que sufre gobernando. Si tienes que pagar a los médicos, a los profesores, si tienes que pagar a los funcionarios, y se te han caído los ingresos, los prestamistas pueden presionarte para que cambies tus políticas, como ha descubierto el señor Tsipras. Quienes ahora presionan al PSOE no tienen la misma fuerza, ni los mismos instrumentos de presión, que quienes presionaron para que el gobierno socialista cambiara su política económica en un contexto de crisis mundial, y el PSOE tiene buenos motivos para resistir las presiones.

El que debería resultar más evidente de esos motivos es uno que extrañamente funciona a la manera de La carta robada, está delante de nosotros pero nadie parece verlo. Porque de lo que se trata la semana que viene es de elegir, o no, al señor Rajoy como presidente del Gobierno, precisamente al señor Rajoy. Hay quien trata de minimizar el asunto de las personas, pero ese es un movimiento sospechoso, un movimiento que favorece precisamente a Rajoy, a él personalmente y al sector de la derecha que encabeza. Porque Rajoy no es un líder abstracto, intercambiable por cualquier otro líder de la derecha. Es posible que con otro líder, en lugar de perder más de tres millones de votos por el centro, a favor de Ciudadanos, el PP los hubiera perdido por la extrema derecha, a favor de Vox.  Con Rajoy eso es inimaginable, porque Rajoy, un hombre que procede ideológicamente del franquismo,  representa la posición más reaccionaria de la derecha más reaccionaria. Y no se puede entender la crisis política de nuestro país sin tener en cuenta la actuación de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, de él en concreto. Hay un nexo político e ideológico que lleva desde los gritos contra Gutiérrez Mellado y Suárez en los funerales de las víctimas de ETA, a la acusación al presidente Rodríguez Zapatero, desde la tribuna del Congreso, de traicionar a las víctimas de ETA. El mismo nexo que lleva desde la oposición a votar el título VIII de la Constitución, o a votar no a toda la Constitución, a pedir en las calles y plazas de España firmas contra Cataluña.

Tranquilícese el amable lector o lectora, no voy a reiterar aquí el memorial de agravios que los portavoces socialistas han expuesto cada vez que han tenido ocasión. Sin embargo sí me gustaría aprovechar para dar algunos datos, bastante elementales, que parecen haber olvidado quienes sueñan con una abstención de los socialistas. Datos que dan cuenta de algo todavía más importante que la opinión de los dirigentes socialistas sobre Rajoy, algo tan importante como la opinión de los votantes socialistas y de los ciudadanos en general. Porque lo que se decide la semana que viene es si se ha de dar la presidencia del Gobierno de España a un hombre al que, en una escala del 0 al 10, los ciudadanos daban un 3,09 en la última encuesta preelectoral del CIS. Y eso como media de toda la población, es decir, incluidos los votantes del PP. Porque si tenemos en cuenta sólo a los que declaraban que iban a votar al PSOE, la valoración del señor Rajoy es de 2,22 sobre 10. El 41% de los votantes y simpatizantes socialistas daban un 0, mondo y lirondo, al candidato y presidente en funciones. Un 77% de los socialistas lo suspenden. ¿Sería razonable que los diputados socialistas facilitaran el gobierno a la derecha que sostiene a Rajoy? La respuesta es no.

Si tomamos la serie del CIS sobre la valoración de la gestión del Gobierno que hacen los ciudadanos y ciudadanas, y calculamos la media para el periodo de la presidencia del señor Rajoy hallaremos que la frecuencia modal, la más citada, de la escala que usa el CIS, y que va de “muy buena” a “muy mala” es, precisamente, esta última. El 35% de los entrevistados dicen que la gestión del presidente Rajoy es “muy mala”.  En comparación, la gestión del presidente Rodríguez Zapatero fue calificada, a lo largo de presidencia, como “muy mala” sólo por el 13%. ¿Sería razonable que el PSOE supliera con sus votos o abstenciones los votos que necesita el señor Rajoy? La respuesta vuelve a ser no.

Ciertamente también la oposición es responsable de la situación política, pero con una mayoría absoluta, resulta difícil eximir al presidente Rajoy de la máxima responsabilidad en la situación política del país. También en este caso la comparación nos ayuda a comprender las razones de la negativa socialista a la investidura de Rajoy. Para el segundo mandato del presidente Rodríguez Zapatero, la media de los que, en la serie del CIS, decían que la situación política era “muy mala”, fue del 21,7%. Durante el mandato del presidente Rajoy la media de quienes consideraban la situación política “muy mala” ha sido del 41,6% de la población mayor de 18 años. Un 75% de las ciudadanía, como media, ha valorado la situación política de nuestro país como “mala” o “muy mala”, durante el mandato del presidente Rajoy. ¿Es esta una razón para que se considere prudente que los socialistas lo mantengamos en el gobierno? Obviamente, no.

Si los sueños son realizaciones de deseos, una abstención del PSOE hubiera colmado los deseos de las élites del PP y de Podemos: el PP tendría el poder y Podemos tendría la oposición. Pero las cosas no han salido como habían previsto, y los socialistas han actuado según el criterio de sus votantes en lugar de atendiendo a las preferencias de sus adversarios y competidores. La solución al bloqueo político de nuestro país va a resultar más complicada de lo que algunos han soñado, y también va a necesitar del concurso de todos, pero desde luego no pasa por la inmolación voluntaria del PSOE en aras de los intereses de otras fuerzas políticas, y en contra de los intereses de una mayoría de los españoles y españolas. Quienes dieron por supuesto que el PSOE iba a resolver las contradicciones de los demás actores políticos, entregando el gobierno al PP, deberían no dar por supuesto lo que ocurrirá a partir del día 2 de septiembre al finalizar la sesión de investidura. Es posible que, después de ese día, más actores políticos entiendan que una situación no convencional requiere soluciones no convencionales

 

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